¿Quién soy? Identidades que asfixian

Identidades que asifixian

Tienes mucho que dar. Sí, ¡Tú! Mucho que dar a la vida y la vida mucho que darte. Solo necesitas abrirte al mundo, sin tapujos. Mostrarte tal como eres y conectar contigo, con los otros, con el momento presente, aquí y ahora. Porque así, tal y como eres, sin que tengas que hacer nada, vales mucho y eres digno de ser amado. Amar y ser amado, el propósito para el que todos hemos venido aquí, a este mundo tan confuso y tan sencillo al mismo tiempo.

Sin darnos cuenta, vivimos con ese traje que un día, cuando éramos pequeños, otros nos pusieron sin preguntar. Un traje que nosotros mismos mantuvimos y hoy en día hacemos malabares para mantenerlo, siempre con el mismo fin: que no nos hagan daño.

Porque, efectivamente, en esta vida todo lo que se mantiene es porque tiene un beneficio y en este caso el beneficio es vital. Pasa por sentirnos pertenecientes, aceptados y queridos por aquellos que nos traen al mundo y nos cuidan los primeros años de vida. Es a partir de ellos que aprendemos a querernos y a aceptarnos a nosotros mismos. En base a nuestros recursos personales (carácter) y en función de aquellos comportamientos que nos acercaron al afecto y atención del otro,  construimos nuestra identidad. Una identidad, que no es otra cosa que aquello con lo que los otros nos identificaron, en función de lo que esperaban de nosotros, y que arrastramos con los años.

Ahí está la trampa, y es que a medida que crecemos ese traje del que nos sentimos esclavos termina por asfixiar. Poco a poco va dejando sin aire, sin vida, hasta dejarnos secos por dentro. Es entonces cuando te das cuenta de que esta identidad que fue muy funcional en su momento, te impide amarte a ti mismo tal y como eres, mostrarte al mundo… por el miedo más profundo que puede tener un ser humano: no sentirse aceptado.

Por eso resulta más fácil quitarse el traje ante desconocidos, que no proyectan sus deseos cuando te miran, que no esperan y por tanto no juzgan. Ante culturas y contextos tan diferentes, que el reflejo que te llega de ti mismo nada tiene que ver al que estás acostumbrado. Ante la (madre) naturaleza, que acoge sin tener que hacer, ni que decir, simplemente permitiéndote ser.

Sin duda, exponerme a situaciones nuevas, viajar, mirarme desde ojos ajenos, observar el mar, la montaña… han hecho posible redescubrirme a mí misma. Sin embargo, Mindfulness me ha proporcionado esa dosis tan necesaria de aceptación personal y amor incondicional. Aceptarme así, tal y como soy, amarme con mis sombras y mis luces, para poco a poco abrirme ante mí y ante los demás. Para permitirme ser algo diferente a lo que los demás ven o quieren ver cuando me miran. Sé que es un viaje largo que nunca termina, pero cada paso me hace ser más libre, más auténtica y más fiel a mi misma.

Permitirnos deconstruir la identidad que un día creamos para volver a reconstruirla, de modo que nos aceptemos a nosotros mismos tal y como somos. Solo entonces nos descubriremos “simplemente” siendo ante los demás, sin tener que hacer, ni cambiar para sentirnos aceptados. Amados.

 

Psicóloga de profesión, viajera de vocación y soñadora por defecto. Experta en Mindfulness e Inteligencia emocional. Me dedico al ámbito del bienestar y el desarrollo personal, promoviendo un estilo de vida, basado en la evidencia científica, que nos ayude a sentirnos en equilibrio.

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