Querida Rabia

Rabia-educación-emocional

Todos tenemos unas emociones básicas que desarrollamos en los primeros años de vida: la alegría, el miedo, la rabia, la tristeza, la sorpresa y el asco. Todas ellas tienen funciones muy importantes en la vida. Son un pack de herramientas seleccionado específicamente para nuestra supervivencia como especie. Sin embargo, la sociedad tiende a etiquetarlas como “positivas” y “negativas”. A medida que crecemos aprendemos según nuestro entorno, que algunas está bien sentirlas pero otras no están permitidas y aprendemos bloquearlas. En estos días me he dado cuenta de que para mí, una de ellas es la rabia. Por eso he decidido escribirle esta carta para reconciliarnos y decirle que a partir de ahora quiero a la leona que llevo dentro.

Querida Rabia, 

Te escribo porque hoy me he dado cuenta de que hace mucho tiempo te expulsé de mi vida. Quizá me daba miedo sacarte porque pensaba que si te mostraba perdería la aceptación de los demás. Pero no me daba cuenta de que cada vez que te escondía, te callaba y te dejaba ebulliendo en mi interior, estaba perdiendo mi propia aceptación. La aceptación y el respeto a mí misma como persona y a tí como emoción, que únicamente cumples con tu trabajo: empujarme a la acción para defender mis derechos y dignidad.

Sí, hoy me doy cuenta de que esa y solo esa es tu función, la de poner límites a todo aquello que pone en peligro mi dignidad como persona. Por eso ahora, cuando miro hacia atrás, te veo en muchas situaciones importantes de mi vida. Grandes logros y conquistas han sido gracias a ti. Fuiste tú, no la alegría, ni la tristeza, ni el miedo… la que me hizo sacar fuerzas para decir ¡Basta ya! ¡Por aquí sí que no paso! ¡De mí ya no te ríes más! ¡NO! ¡Y cuando digo NO es NO! Tú y yo sabemos muy bien de lo que hablamos. 

Reconozco que a veces no es fácil estar a tu lado, resultas incómoda, especialmente cuando no se te hace caso. Es ahí cuando te disparas  como la leche que echa a hervir y no entiendes de palabras ni buenos propósitos. Imagino que de eso se trata pues gracias a esta tozudez, tú y sólo tú, me has enseñado lo liberador y necesario que es poner límites para respetarse a uno mismo. Y viendo esto, reconozco tu esfuerzo y empeño por continuar ahí, a pesar de todas las veces que no te he escuchado. Y es que en las ocasiones en las que te hice caso, nunca me arrepentí. 

Simplemente decirte que quiero que formes parte de mi vida. Al igual que el resto de emociones tienen su propio espacio dentro de mí, a ti te estoy preparando tu propio cuarto para que te sientas cómoda. Tenemos mucho trabajo por hacer, así que puedes venir cuando quieras. Entenderé que si lo haces es porque hay obstáculos que me impiden alcanzar aquello que quiero y necesito fuerza para afrontarlos y poner límites. 

Gracias y mil gracias por todo lo que me enseñas día a día!!                   

Atentamente:

XXX  

Y tú, si le tuvieses que escribir una carta a tu rabia, ¿qué le dirías? ¿Qué papel juega en tu vida? ¿Está desaparecida o vives todo el día enganchado a ella? ¿En qué situaciones te ha ayudado a poner límites?  ¿Te gustaría aprender a gestionar la rabia, el enfado o la ira? Si es así, te animo a contactar conmigo y te echaré un cable para que aprendas a sacarle el máximo partido a esta emoción, que bien utilizada es una gran compañera de vida.

 

Psicóloga de profesión, viajera de vocación y soñadora por defecto. Experta en Mindfulness e Inteligencia emocional. Me dedico al ámbito del bienestar y el desarrollo personal, promoviendo un estilo de vida, basado en la evidencia científica, que nos ayude a sentirnos en equilibrio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *