¿Qué hacer cuando me siento mal?

Desde las profundidades de uno mismo

Hoy os escribo desde mis profundidades. Esos momentos en los que las aguas están turbulentas, haciendo que el mar se vea turbio, sin sentido, sin dirección. Arrastrando todo lo que encuentran por su paso hasta romper con las rocas, que con la serenidad de llevar años ahí, inamovibles, se dejan sacudir. Acogiendo cada ola con la misma amabilidad y aceptación que cuando sus aguas cristalinas y tranquilas las acarician. Sabiendo que hasta que no pase el temporal no pueden cambiar nada, solo acompañar. Recordándole con su saber estar que el temporal no son las aguas, ni tampoco el mar, sino una forma de estar. Pues al igual que viene, el temporal se va.

Hace ya tiempo quedamos en que te querrías y aceptarías tal y como eres, en los momentos buenos y no tan buenos. ¿Lo recuerdas? Recuerdas cómo te sentías al conectar con esas inseguridades que te invitaban a saltar continuamente, a cambiar, a no parar, a hacer de forma impulsiva..

¿Recuerdas lo que suponía conectar con estas inseguridades y quedarte con ellas haciéndolas compañía, a ellas, a ti? De repente se siente paz, calma, serenidad, como una seguridad que nace del interior. Es curioso porque es un estado que cuando se busca, no se alcanza. Pero el reconocer que se tiene miedo, el identificarlo, expresarlo y compartirlo siempre es de ayuda. Acompañarte a ti mismo en ese sufrimiento y estar ahí.

No quiero que mañana sea el gran día, no quiero que te levantes con ese peso. No quiero que pongas todas las expectativas sobre un solo día, sobre un solo hecho. Quiero que te lo tomes con calma, sin exigencias. Que sea un camino de paso a paso, de manera que si en un momento no consigues ese pequeño objetivo no pase nada. “Solo” que lo intentaste.

Pero sobre todo quiero que te quieras, que te valores y que actues en coherencia con tus valores, con tus principios, contigo misma. Que cuando sientas ese bloqueo que te congela desde las entrañas, hagas un trabajo en profundidad, que conectes con él y seas compasiva contigo misma. Ese, es el único camino que nos lleva al movimiento, cuando decidimos abrazarnos en vez de fustigarnos. Paso a paso desde la aceptación y la autocompasión, nunca desde las exigencias y el castigo.

A veces no es fácil asumir nuevas situaciones, retos, incertidumbres. A veces simplemente la vida no es fácil. Pero lo estás haciendo bien, incluso aunque lo estuvieses haciendo “mal”, no te presiones por lo que has conseguido o lo que puedas llegar a conseguir, por lo que otros esperan de ti, o lo que tú misma proyectas. Tus esperanzas y deseos, son solo eso, deseos y esperanzas, hechos de la misma naturaleza que la ilusión que te hacía soñar sin límites cuando eras niña. Que eso no te suponga un bloqueo, sino más bien un impulso para poco a poco ir dando pequeños pasos en la dirección en la que te diriges. Pues no se trata de llegar, sino de transitar el camino. 

Esto es lo que le dice mi parte serena a mi parte más oscura y angustiada. Nunca viene mal escribirlo para en cualquier momento de S.O.S puedas releerlo y saborearte desde la aceptación de tu propio desasosiego. Porque no somos ni la luz, ni la oscuridad, ni la tormenta, ni la calma.

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Psicóloga de profesión, viajera de vocación y soñadora por defecto. Experta en Mindfulness e Inteligencia emocional. Me dedico al ámbito del bienestar y el desarrollo personal, promoviendo un estilo de vida, basado en la evidencia científica, que nos ayude a sentirnos en equilibrio.

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